martes, 26 de febrero de 2008
Ejerzamos los demócratas nuestro derecho al voto.
domingo, 24 de febrero de 2008
Lo que nos jugamos el 9 de marzo.

Se juega avanzar en conquistas sociales, o volver a tiempos de la inquisición. Tener una fiscalidad progresista, o volver a beneficiar a los que más tienen. Que la política exterior sea autónoma, o volvamos a depender de lo que digan los EE.UU. Que la enseñanza sea pública y gratuita para todo el mundo, o volver a la educación privada y de carácter religioso.
Para que se consoliden los avances que se han producido en los últimos cuatro años, toda la izquierda debe movilizarse y acudir a votar en masa. Esta vez no vale quedarse en casa con el pretexto de que el gobierno lo podía haber hecho mejor, los votantes del PP acudirán en masa a las urnas al toque de arrebato.
Cuanto más alta sea la participación más posibilidades de conseguir el triunfo de la izquierda y en esta tarea debemos implicarnos todos, convenciendo a nuestra familia, vecinos, compañeros de trabajo, amistades, nos va en ello no volver a tener cuatro años de un gobierno que se dedique a destruir los logros de la clase trabajadora para premiar a los obispos y los más ricos.
Este país no se merece que estos energúmenos lo gobiernen, y en nuestras manos esta evitarlo, el día 9 de marzo, todos los progresistas debemos acudir a votar y dar una lección a los que pronostican catástrofes bíblicas si gana la izquierda. Somos más y tenemos la razón, que no nos pillen desprevenidos, ellos están preparados desde hace tiempo.
Compromiso con la laicidad.

Forma parte del bagaje político del PSOE el compromiso con la laicidad del Estado. Así es, y así debe ser, en un partido de izquierda que pone sus señas de identidad en la defensa de la libertad y el logro de la igualdad. En tanto no se consiga un Estado que efectivamente sea laico, esos valores de libertad e igualdad se hallarán menguados en la sociedad en la que así ocurra. Lo contrario de la laicidad es el confesionalismo, que consiste en el mantenimiento de privilegios por parte de una confesión religiosa, a la sombra de sus connivencias con poderes no democráticos o a través de sus intromisiones ilegítimas en el ámbito de lo político. Normalmente, en las iglesias, el confesionalismo proyecta hacia fuera el clericalismo que en ellas se da hacia dentro. De ahí que la oposición al confesionalismo, que es lo relevante políticamente, venga muchas veces asociada a posiciones anticlericales. Pero eso no supone que el laicismo sea antirreligioso –ni que deje de apreciar que hay curas excelentes, obispos que desempeñan bien su ministerio y hasta algún Papa, como Juan XXIII, respecto al cual bien haría la Iglesia en darle el reconocimiento que merece-. De hecho, tanto clericalismo como confesionalismo, que son dos caras de la misma moneda, suponen distorsiones de lo religioso que perjudican a las religiones mismas –los cristianos, por ejemplo, deberían ser los primeros en ser anticonfesionalistas y anticlericales, si quisieran ser consecuentes con el evangelio del laico Jesús de Nazaret- y, por supuesto, a las sociedades en que tales fenómenos se producen.
La pretensión de mantener privilegios para una determinada confesión religiosa conlleva el intento de conservar o reforzar ciertas imposiciones sobre el conjunto de la sociedad, creyentes y no creyentes, con la consiguiente merma de las libertades. El que tales privilegios se asienten o tengan algún respaldo jurídico-político implica una discriminación sobre los miembros de otras confesiones religiosas minoritarias o sobre los ciudadanos que no pertenecen a confesión alguna. Una democracia coherente no debe admitir ni mengua de las libertades reconocidas por la Constitución, ni privilegios de unos que conlleven discriminaciones hacia otros. Es de justicia, por tanto, exigir que las diferentes confesiones religiosas estén en el lugar que les corresponde en una sociedad secularizada, pluralista y democrática, es decir, en el lugar cívico que han de ocupar en el entramado de la sociedad, como otras tantas entidades o instituciones. Desde ahí podrán ejercer los derechos que la Constitución reconoce y ampara, siempre desde el respeto a los procedimientos democráticos que hemos establecido para todos y a las leyes que mediante ellos nos damos.
Frente a quienes lanzan falsas acusaciones de acoso al cristianismo –y hay quien sube el tono hasta hablar de persecución a la Iglesia, pero sin mencionar la financiación a la misma desde los presupuestos del Estado- hay que recordar que cualquiera, individual o colectivamente, puede opinar sobre las cuestiones políticas más diversas, mas también que nadie debe presionar por métodos ilegítimos a gobiernos y parlamentos democráticamente elegidos para imponer a la sociedad en su conjunto una determinada moral o para mantener privilegios injustificables en democracia. Y eso es lo que sigue haciendo un significativo sector de la Iglesia católica, a través de destacados obispos y con el respaldo, parece ser, del Papa Benedicto XVI. Por si faltaba algo, en las últimas declaraciones del portavoz de la Conferencia Episcopal, monseñor Martínez Camino, al menú habitual se añade la instrumentalización de todo lo relacionado con el terrorismo, vertiendo calumniosas insidias al decir que el PSOE ha dado a ETA trato de interlocutor político, lo cual de ninguna manera ha sido así, y todo ello con voluntad clara de decantar el voto de los católicos hacia la derecha a través de tan grosera manipulación de los hechos. Por mucho que el alambicado lenguaje de los obispos intente mantener la apariencia de un equilibrio que de hecho no existe, estamos ante un salto cualitativo por parte de una jerarquía eclesiástica que se alinea con el PP –hay quien no la hace, pero no lo dice: la trampa de la unidad eclesial, tan quebrantada-, en clara intromisión confesionalista en el juego democrático de una forma que de ninguna manera debía darse en un Estado democrático de derecho.
Está visto que la aconfesionalidad del Estado español, tal como resulta definida por la Constitución, siendo un logro importantísimo respecto del nacional-catolicismo que acompañó a la dictadura franquista, no es sin embargo un definitivo punto de llegada si bajo ella tienen cabida las prácticas eclesiásticas que estamos viendo. Es necesario avanzar hacia una laicidad coherente con lo que la democracia supone y exige, haciendo una lectura laica de esa misma aconfesionalidad del Estado para evitar las regresiones que las derechas están promoviendo.
En esa dirección, buscando avanzar hacia una laicidad más consecuente, el PSOE, en el programa electoral aprobado por la Conferencia Política recientemente celebrada en Madrid, contempla la necesidad de acometer la reforma de la Ley Orgánica de Libertad religiosa, a los treinta años de su entrada en vigor. Será un buen momento para ello. Habrá que trabajar intensamente en la búsqueda del consenso necesario con las distintas fuerzas políticas para una reforma de ese calibre y para que se abra paso el imprescindible diálogo sobre ese punto con las diferentes confesiones religiosas que tienen presencia en la sociedad española. Ésta, por lo demás, presenta una pluralidad tal que hace aún más necesario que el principio de laicidad opere no sólo como principio jurídico-político que encuentra plasmación en la separación entre el Estado y las iglesias, sino también como principio de convivencia absolutamente necesario para una sociedad plural como la nuestra. La diversidad cultural que existe en nuestra sociedad ha intensificado la pluralidad religiosa y ello reclama la articulación democrática de la misma desde aquello que es de justicia: el respeto a la dignidad de cada uno, la defensa de las libertades que todos hemos de poder ejercer y la igualdad de trato en un orden democrático –desacralizado, por cierto- que no debe admitir discriminaciones.
Irresponsabilidad ante la inmigración.

En medio de una vorágine electoral que se acelera por momentos, el candidato del PP a la presidencia del gobierno se ha dejado caer con una serie de propuestas para abordar la inmigración que son eso, un abordaje a los derechos de los inmigrantes y al buen sentido de la ciudadanía. Por si alguien, arrebatado por los cantos de sirena del fin de las ideologías o atrapado por el más burdo prejuicio de que todos los políticos son iguales, tenía dudas acerca de las diferencias entre izquierda y derecha, ahí tiene material más que de sobra para disiparlas. Desde la izquierda, reconociendo que queda mucho por hacer ante situaciones complejas como las que plantea la inmigración, queremos hablar de integración social e inclusión democrática de los inmigrantes, contemplando la primera mediante políticas de empleo, educativas, culturales, de salud y de vivienda, y promoviendo para la segunda el reconocimiento de derechos que nuestras leyes han de amparar. En cambio, la derecha, enrocándose sobre sí misma, ha venido a parar a un discurso xenófobo que no puede disimular tras cierto maquillaje un cierto tufo racista. Es lo que encontramos en el “contrato” como medida con la que el PP, en un ejercicio de copiado mal escrito respecto al presidente francés Sarkozy, quiere recibir a toda persona que llegue a nuestro país como inmigrante.
Llamar contrato a ese cúmulo de exigencias con las que el PP pretende filtrar selectivamente a los inmigrantes –de eso se trata- es emplear un eufemismo hiriente, en primer lugar por la asimetría terrible en que se sitúa a las partes supuestamente contratantes, y en segundo lugar por las prácticas discriminatorias y excluyentes que ya van diseñadas en su seno. Por si los motivos no estaban claros, Arias Cañete, como vocero de Rajoy, se ha encargado de sacarlos a la luz sin empacho alguno, con un repertorio de lo más grueso que ha llevado a José Luis Rodríguez Zapatero, como presidente del gobierno y de nuevo candidato a la presidencia, a pedir disculpas a los colectivos de inmigrantes por esas palabras ajenas que, por su carácter ofensivo, tanto han indignado a la mayoría. Tratar a los inmigrantes de aprovechados que parasitan la seguridad social y saturan las urgencias hospitalarias, de potenciales delincuentes –por lo menos- puesto que se presume su reluctancia a cumplir la ley, de sectarios que en cualquier caso se van a aferrar a costumbres no sólo suyas, sino antiespañolas (eso es más castizo que lo de antioccidentales) y cosas por el estilo, es de una clamorosa injusticia. No se corresponde con los hechos y constituye una difamación que no hace más que alimentar los peores prejuicios que hacia la inmigración pueden hallarse enquistados en determinados registros de nuestra sociedad. Eso aparte de la hipocresía que supone considerar así a quienes se está llamando para que cuiden de nuestros niños y ancianos, o para que trabajen en nuestros campos o en las obras y servicios de nuestras ciudades. Todo parece indicar que estamos ante la propagación de un nuevo espécimen de “prejuicio preventivo” como si hubiera que acometer alguna clase de guerra contra la inmigración llamada ilegal. Tal cosa se sitúa en las antípodas de las políticas que de verdad necesitamos para encauzar responsablemente los flujos migratorios, con total respeto a los derechos humanos en la aplicación de nuestras leyes, las cuales, por lo demás, desde la Constitución misma incluyen tal exigencia de respeto.
Meter la cuchara de la repesca de votos en esa sopa cuya sustancia viene dada por prejuicios respecto al diferente, rechazo al otro, desconfianza respecto al extraño y desprecio al pobre es dar un salto cualitativo en dirección contraria a la convivencia democrática que hemos de construir entre todos. El respaldo que con ello se da a actitudes excluyentes, que en buena medida dan lugar al incumplimiento de aquello que se dice que se va a pedir a los inmigrantes, puede generar la sensación de que se legitiman comportamientos de nuevas formas de racismo que, de extenderse, serán un desastre para nuestra sociedad. Es difícil eliminar prejuicios, pero es muy fácil reforzarlos, como lo es desmontar con declaraciones desafortunadas lo que trabajosamente se va construyendo en la dirección de una sociedad bien ordenada donde encontremos nuestro sitio todos los que ya estamos. De ahí que, ante las últimas propuestas en cuanto a inmigración de los líderes del PP –de las cuales algunos de sus militantes se han desmarcado-, se pueda hablar de irresponsabilidad, pues se infiere de ellas que no se hacen cargo de la gravedad de las consecuencias, no sólo de unas medidas que por su parte son de difícil, si no imposible, puesta en vigor, sino incluso de las consecuencias de la misma formulación que se ha hecho de ellas en clave electoralista. Debe tenerse presente que no hay cosa peor que acrecentar el resentimiento, el que a veces incuban los que están aquí “de toda la vida” y aquél que puede nacer en los que llegan por el rechazo que experimenten. Del resentimiento nada bueno puede salir y menos en política.
José Antonio Pérez Tapias
viernes, 22 de febrero de 2008
La revista de Rouco acusa a feministas y homosexuales de dejar Occidente "en ruinas".
jueves, 21 de febrero de 2008
Mariano Rajoy, el líder del "partido de los currantes", tiene casas por toda España
El candidato a la presidencia del Partido Popular, Mariano Rajoy, confesó en abril de 2007 en el programa de Televisión Española Tengo una pregunta para usted que su sueldo mensual no sobrepasaba los 8.000 euros. El pasado lunes en Telecinco, Rajoy añadió otro interesante dato sobre su economía familiar. El líder del Partido Popular aseguró no tener ninguna hipoteca que pagar. Sin embargo, Mariano Rajoy olvidó señalar que es propietario de 5 casas.
“Rajoy tiene casas por toda España”, afirmó el pasado martes El Economista, diario económico afín al Partido Popular y que está liderado por Alfonso de Salas, uno de los fundadores de El Mundo. Currantes En caso de perder las elecciones y decidir retirase de la vida política, el líder del partido de los currantes tendría muchos lugares donde irse a vivir. Mariano Rajoy tiene junto a su mujer, Elvira Fernández, importantes propiedades en Sanxeso, Pontevedra, Madrid, Aravaca y Mogán (Las Palmas).
Sanxenxo. Mariano Rajoy es propietario de una vivienda de 97 metros cuadrados situada en la avenida principal de Sansenxo. Rajoy también es dueño de una plaza de garaje localizada en una de las zonas más concurridas de esta localidad gallega.
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Pontevedra. El presidente del Partido Popular posee desde 1988 un piso de 109 metros cuadrados y una plaza de garaje en una de las zonas más selectas de Pontevedra, lugar donde Rajoy empezó su fructífera carrera política.
Madrid. Son pocos los ciudadanos que, como Mariano Rajoy, tienen la fortuna de poseer una vivienda de 70 metros cuadrados situada a pocos minutos del Paseo de la Castellana Madrileña. Tal y como informa El Economista, el atractivo de esta vivienda es el local de tres plantas destinado a zona deportiva que comparten los vecinos. Aravaca El candidato a la presidencia del Gobierno por el Partido Popular también posee varias plazas de garaje y un lujoso piso de 279 metros cuadrados en Aravaca, una de las zonas más ricas de la Comunidad de Madrid.
Las Palmas. Además, Mariano Rajoy puede veranear junto a su mujer en un bungalow que la pareja posee en Mogán, municipio canario perteneciente a la provincia de Las Palmas.
jmgarrido@elplural.com
domingo, 17 de febrero de 2008
Mandalos al infierno.

Pregunta: ¿qué pasaría si consiguiésemos alcanzar una participación en las elecciones generales del 80%? La izquierda lleva 4 años aletargada, esperando su momento, guardando las distancias en el debate político, mordiéndose la lengua y lo que no es la lengua, respirando hondo, tragando bilis, soportando insultos, recibiendo desprecios, pasiva, retirada, ahogada en un suspiro. Recordemos la decena de manifestaciones de la derecha mediática; las cosas que han voceado; los disparates que se han atrevido a decir; hasta donde han sido capaces de llegar manoseando instituciones sagradas como el Tribunal Constitucional; incluso se han atrevido a jugar con el dolor de las victimas y con los muertos del 11M. Nosotros, convencidos de nuestro sentido de la responsabilidad cívica, hemos elegido, sea por omisión o por comodidad, no responder ante semejantes andanadas. Apostamos por la política del apaciguamiento y por ceder nuestra espacio en la calle confiados en que las concentraciones se deslegitimasen por sí solas debido a los discursos antidemocráticos que se desarrollaban en cada una de las intervenciones de la derecha social española. 4 años de silencio, 4 años estoicos tolerando lo intolerable. Pero ha llegado el momento en que los ciudadanos progresistas de este país podemos responder con toda la fuerza merecida a estos 4 años de descrédito y deslealtad democrática por parte de la derecha española, individualizada en abates como Acebes, Zaplana, Alcaraz, Rouco Varela o Jiménez Losantos. Ha llegado el momento de convocar una manifestación colectiva, tan grande y espectacular, que sea capaz de procurar tal lección democrática para aquellos que han violentado nuestra convivencia, que nunca, jamás, la olviden. Es hora, es el momento, de sacar a pasear nuestro orgullo, nuestra sangre, nuestro corazón, nuestros ideales, con la cabeza bien alta. Pero no lo haremos en la calle en forma de concentración ruidosa con pancarta y sloganes. Lo vamos a plantear desde la red, más allá de la red, aludiendo al sentido de responsabilidad ciudadana que millones de españoles tenemos. Será un boca a boca a escala nacional el que llamaremos a nuestros amigos, conocidos, familiares, compañeros de trabajo, a unirse a un objetivo espectacular y grandioso: alcanzar el 80% de participación en las elecciones generales. ¡Sí, has leído bien! ¡Un 80%! Un reto tan grande, tan valioso, que si se consiguiese nos llenará de sano orgullo y satisfacción a todos. Todos a una, poniendo granitos de arena para llegar a formar una hermosa montaña de votos, tan grandiosa que consigamos, el día 9 de marzo, admirarla con asombro y honda satisfacción. Todo empieza con una pregunta. ¿Conoces el "Proyecto 80%"? Sí, el gran objetivo, la gran obra maestra de la izquierda española, será llegar a esa cifra para impartir una lección que jamás será olvidada. Una demostración de fuerza que nadie podrá negar. Un golpe de efecto que abra portadas, titulares y ruedas de prensa. ¿Mareante? No es imposible. Es una cifra a la que se llegó en 1982 por ejemplo. En 1993 y 1996 se llegó al 77%. En las últimas, al 76%. ¿Alguien recuerda unas elecciones democráticamente más trascendentales desde 1982? Mirando hasta donde es capaz de llegar la derecha española uno tiene la impresión de que son los mismos que en plena transición cuestionaban la Constitución y el Estado Autonómico. Son los mismos que decían como entonces que "España se rompe". ¿Por qué no llegar entonces al 80% de participación para marcarle el terreno a esta derecha casposa y retrógrada? ¿Por qué no darles una lección en toda regla? ¿Por qué no demostrarles que España no tolera actitudes post franquistas y antidemocráticas como el boicot a los productos catalanes o el colapso de nuestras instituciones? ¿Por qué no recordarles que los ciudadanos que conformamos esta sociedad imperfecta no toleramos ni toleraremos que se juegue con la mentira, con la falsedad y con la descalificación zafia? ¡Por qué no llegar al 80% para dejar al mundo boquiabierto y para darle una lección a los Acebes y a los Zaplanas! Una meta difícil, pero altamente motivante; un objetivo grandioso que daría la vuelta a medio mundo y que devolvería la fe a la ciudadanía española. ¡Vamos! ¿Cómo? A la vez sencillo y estelar. Una campaña por internet, un mailing anunciándola, una recogida de firmas, SMS, un lugar donde centralizar propuestas, videos, iniciativas de movilización. ¡Podemos hasta plantear un concurso simbólico a ver qué circunscripción es la que más se moviliza! ¡Puede ser divertidísimo! Nos sobran ideas si nos ponemos. ¡Somos la gente de la cultura, de la inspiración, los creadores! Somos la izquierda española, unida a pesar de sus diferentes tonalidades. Que se hagan eco los medios digitales, que se entere el país que tenemos un grandioso objetivo. ¡Vamos a alcanzar el 80%! De internet se podrá pasar al boca a boca, conseguir que se hable en los colectivos ciudadanos progresistas, en las tertulias... "¿sabes qué es el proyecto 80%?". Veréis que remarco siempre, progresistas, bien, todos sabemos que no hace falta lanzar campañas para movilizar a la derecha. Ellos van a votar fijo, llueva, nieve o haya un terremoto. Nosotros y solo nosotros tenemos la responsabilidad y el peso para llegar, y por qué no, superar esa cifra. ¿Nos atrevemos? ¿Nos ilusionamos? ¿Nos mojamos? Un reto para ser atractivo debe ser difícil, estimulante, debe ser de tal manera que para alcanzarlo haya que dedicarle esfuerzo y tiempo, poco individualmente pero en suma una enorme iniciativa ciudadana y social. ¡Un 80%! ¿Quién se suma? ¿Te sumas tú? ¿Se suman tus amigos? ¿Esos que teniendo ideales progresistas casi nunca se animan a ir a votar porque todos los políticos son iguales? ¿Y tus familiares? ¿Qué propones? Hay tanta gente a la que movilizar e ilusionar....Podemos organizar grandes cosas. Podemos organizar una enorme fiesta en la calle el mismo día 9 de marzo si conseguimos el objetivo. ¡A la calle a celebrarlo! ¡Somos del proyecto 80% y lo hemos conseguido! ¡Somos grandes! ¡Vamos a Génova a celebrarlo con Rajoy! ¡Que se nos oiga, que se nos conozca! ¡Vamos a montar la enorme fiesta de la democracia, la del voto, la de la participación! ¡Podemos dar muchas lecciones a los políticos! ¡Somos poderosos si nos lo creemos! Hoy será al PP. Pero el PSOE, y el resto de fuerzas políticas, tomarán nota para futuros comicios. Es un grito de "no nos falles" más alto y nítido que los anteriores. Es nuestra respuesta a las andanadas de quienes insultan, de quienes separan, de quienes odian. ¿Nos atrevemos? ¿Nos atrevemos? Yo, me atrevo. ¿Quién se apunta? ¡Proyecto 80%! La Sombra de Aznar convoca a todos los progresistas y os pide que os hagáis eco en vuestras webs, blogs, foros y medios. Servidor pone la semilla. El sol, el abono y el agua es cosa de todos para que esta enorme iniciativa culmine. ¡Orgullo compañeros, orgullo! ¡Proyecto 80%! PÁSALO !